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title: "Misa Crismal 2025 - Homilía"
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description: "La diversidad, fragmentación y provocación de los tiempos actuales, nos obligan gracias a Dios, a volver a los primeros pasos en el seguimiento del Señor, tal vez 'cuando ardía nuestro corazón en la compañía amable del Señor y celebrar el memorial de la esencia que nos llevó en su momento a caminar con Él."
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date_published: "2025-04-11T22:43:00-03:00"
date_modified: "2025-04-11T22:47:13-03:00"
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# Misa Crismal 2025 - Homilía

Vamos a tomar o retomar este primer verso del texto de Isaías, que contiene las verdaderas  
columnas de nuestra misión. Misión a la que hemos sido llamados gratuitamente, que hemos  
aceptado gratuitamente y con el devenir de los acontecimientos -muchos inesperados- se diluye  
en la esencia, se hace anacrónica, se priva de la pasión que necesitamos para transmitir esa  
verdad que defendemos con nuestra vida, se prefiere el frío de la ley en lugar del calor del afecto.  
En fin. Frente a estas situaciones que todos menos o más padecemos, nos encontramos con la  
palabras de Isaías: '...el Señor me ha ungido y Él me envió...'  
El Señor unge y envía.  
Nos unge. Dios tiene en nosotros su instrumento vivo, el eco de su voz; su tabernáculo, el signo  
histórico y social de su presencia en la humanidad, el apasionado amor de Belén que se irradia  
hacia todos los hombres. Y este hecho lleva consigo una tierna y dulce obligación de nuestra vida  
sacerdotal: la intimidad con Cristo, en el Espíritu Santo y por lo mismo con el Padre.  
Una vida interior auténtica y personal, no sólo celosamente cuidada en el pleno estado de gracia,  
sino también manifestada voluntariamente en gestos, palabras, diálogos, de gracias pedidos y por  
supuesto del perdón implorado, una confianza que brota de la certeza de caminar acompañados,  
de un corazón calentito cuando el Señor está cerca y amargo, frío y triste cuando de Él nos  
alejamos. Resuenan hoy más que nunca, las palabras del Señor en la Última Cena:  
'¡permanezcan en mi amor...!'  
Por favor no creamos que el tiempo que le dedicamos a este diálogo personal y coloquio íntimo  
con el Señor, será un freno para la dinámica o el fervor de nuestro ministerio. Menos aún pensar  
que perjudica nuestro apostolado en las periferias. Esta intimidad con el Señor hace en la  
confrontación diaria con la misión que se nos ha confiado, un estímulo para la acción pastoral- Es  
fuente  
de energía apostólica y hace eficiente la misteriosa y necesaria relación entre el amor a Cristo y la  
entrega pastoral.  
Nos envía. La presencia sacerdotal es principio de unidad entre los diversos ámbitos o áreas que  
viven en la comunidad cristiana y parroquial: los niños, los jóvenes, la familia, los trabajadores, los  
pobres, los enfermos, los lejanos y los enemigos; los que del centro y los del barrio, los cultivados  
y los menos instruidos. Se nos da la gracia de ser el amor que une a la humanidad. Somos su  
corazón amante, su oído, su voz que cree, pide, consuela y llora. Este año jubilar nos envía como  
mensajeros de esperanza.  
La misma presencia sacerdotal, comunica a los hombres la presencia activa y operante del Señor  
en cuerpo, alma y divinidad, esos mismos hombres y mujeres que mueren y resucitan en el  
cotidiano y sublime sacrificio Eucarístico, pueden creer en la Buena Nueva del evangelio, son  
animados por el Espíritu Santo, conocen la obra de salvación ofrecida a todos los hombres  
dispuestos a recibirla.  
Somos tu pueblo y ovejas de tu rebaño. Llevaremos tu Nombre y tu Presencia a todos los  
hombres y recibiremos de ellos el pedido de perdón, la acción de gracias y la alabanza que tu  
pueblo orece y nosotros te lo presentamos. En esa fusión misteriosamente urdida en tus infinitos  
planes de salvación para todos, queremos ser mediadores. Trabajadores esforzados y solidarios  
compañeros en la edificación de tu Iglesia. Servidores y guías. Amigos del Pueblo de Dios, como  
dispensadores de tus misterios.  
Por eso Señor, a Vos que eres el único Mediador entre Dios y los hombres te pedimos en esta  
gozosa jornada sacerdotal, que nos des la gracia de ser cauce y no impedimento o aduana de tus  
gracias en las palabras de Fco., no ser tropiezo sino camino. Que como intérprete único y  
necesario del misterio religioso, lo seas también de cada uno de nosotros. Que no haya realidad  
humana que en nuestra consagración, se interponga a la entrega generosa de los que somos y  
hemos elegido para seguir tu proyecto en nuestras vidas.  
Te damos gracias, Señor, por este día, por tu elección, por la unción y por el envío. Que venga  
sobre nosotros el Espíritu Santo, para que estas consideraciones en tu Nombre, sean realidad  
visible en nuestras vidas. Te lo pedimos nosotros, tus hijos y la comunidad que nos acompaña.  
Nos unimos con la Secuencia del Espíritu Santo.

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